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La acción del teatro en
la danza. El arte
es estímulo, iniciación, aventura. Más allá de los placeres que brindan la
música, el teatro y la danza, medios de expresión con poesía propia, estas
formas del arte son puertas que llevan hacia una experiencia que configuran el
total de la vida cotidiana. Cada pieza de música, cada danza, cada dibujo, cada
episodio de la vida, nos ofrece un reflejo de nosotros mismos.
La danza - un aspecto del lenguaje
teatral que no necesita de la palabra - es una expresión a la que se
exige emoción dentro del terreno de la comunicación. El lenguaje de la danza es
el movimiento. “El movimiento parte de la motivación - dice Doris Humphrey - y
debe fundarse en un propósito”. Ninguna otra categoría de gestos es tan valiosa
para el bailarín, como lo es el gesto emocional.
El movimiento emocional
está arraigado en la técnica de la
expresión de los estados emocionales. Teniendo en cuenta que la expresión es
impresión primero, el gesto es una derivación de la motivación.
Según el tema, la danza
puede exigir toda la gama de la
experiencia humana. El bailarín tiene que conocer el odio, la venganza, el
desprecio, la desesperación, los celos, el remordimiento, el rencor, el amor, el
júbilo y toda la escala de pasiones a las que estamos expuestos los seres
humanos. Sin embargo, son muy distintos los designios de la vida y el
arte, y al intérprete le cuesta pasar de los hábitos éticos y sociales, al mundo
de las pasiones sin restricción, que a menudo exigen las ideas dramáticas. Tal
vez algunos hayan experimentado dichas emociones, pero han reprimido su
manifestación; otros quizá sean todavía demasiado jóvenes, pero en ambos casos,
desconocen su vocabulario gestual. Para ello, es preciso dedicar tiempo a
la exploración de las zonas sombrías, y también de las más luminosas, abordando
la observación de las propias reacciones naturales y las de los demás; a la
investigación de la arquitectura del cuerpo y su diversidad de posibilidades
expresivas, así como al gesto y el proceso hacia el gesto; y al estudio profundo
y sutil que preside la elaboración de estos juegos de expresiones.
Sabemos que toda la cuestión de la creatividad es desconcertante y
paradójica. Pero a pesar de la seriedad del asunto a enfrentar, considero que es
dentro de un marco de "juego" donde se encuentra el mejor ambiente para esta
investigación, ya que el juego libera la expresión y es una herramienta de la
libertad. Esta chispa de creación en el momento presente es el lugar donde se
fusionan el trabajo y el juego. Es precisamente en este momento cuando
aparece la técnica, otorgando un sinfín de herramientas a maniobrar: la
evocación del movimiento de un elemento de la naturaleza, la percepción de la
dinámica que otorga un color, la reacción de una materia, traducidos en
impulsos físicos; el análisis de la calidad de un movimiento, la
cualidad
musical de un movimiento físico en referencia a un ritmo o a un estilo,
empleando la música con fines dramáticos. Todo ello, al servicio de obtener un
vocabulario gestual.
El objeto del teatro es sacar a la luz ciertos aspectos de la verdad,
uniéndolo a las posibilidades de las formas y al mundo de los gestos, ruidos,
colores, movimientos.
El teatro Oriental
revela la idea de un teatro físico y no verbal, en oposición al teatro
Occidental, subordinado a la palabra. Esta idea de la supremacía de la palabra
en el teatro, tan arraigada, es particularmente temida por los bailarines, no
sólo a la hora de estar en escena, sino también durante los cursos de
entrenamiento. Particularmente, creo en la palabra como una fuerza activa, y no
como suele empleársela, sólo para expresar conflictos sicológicos.
De cualquier modo, no es
precisamente la palabra el objeto de estudio de nuestro entrenamiento, sino
el
mismo cuerpo - tratado como un territorio escénico - capaz de crear imágenes
materiales, equivalentes a las imágenes verbales, con un lenguaje de gestos,
signos y actitudes que tengan un valor ideográfico.
La acción del teatro
es, entonces, beneficiosa, porque nos impulsa a vernos tal como somos,
nos restituye todos los conflictos que duermen en nosotros. El teatro
desencadena posibilidades y otorga a la danza la acción que necesita para
liberarla del mero virtuosismo elevándola a la altura de danza dramática.
Fuentes:
"El arte de crear danza" - D. Humprhey.
"El teatro y su doble" - A.
Artaud.
"Free Play" - S. Natchmanovitch. |